Objetivos de Desarrollo Sostenible: ¿Qué sigue desde una perspectiva feminista?

Por Ana Inés Abelenda – AWID 

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada formalmente por Jefes de Estado y gobiernos en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en septiembre de 2015, fue el resultado de un proceso de tres años durante el cual activistas y organizaciones por los derechos de las mujeres se movilizaron para colocar la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres en el centro.

En el proceso convergieron múltiples agendas lideradas por la ONU, particularmente Río+20 (nombre abreviado de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible), el proceso de la financiación para el desarrollo y el seguimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODM) que expiraron en 2015. La versión final de la Agenda 2030 propone un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, así como directrices sobre cómo se llevarán a cabo la implementación y el financiamiento. La singularidad de los ODS radica en su formulación al compararlos con los ODM, ya que el proceso fue liderado por una amplia gama de actoras/es aparte de los Estados y profesionales.

Aunque la Agenda 2030 no es tan ambiciosa como por la que AWID y otras organizaciones por los derechos de las mujeres habíamos abogado, de todos modos hubo logros importantes en cuanto a la igualdad de género, el reconocimiento de los derechos humanos, el trabajo decente y la necesidad de cambiar los patrones de producción y consumo, por nombrar sólo algunas de las principales mejoras en comparación con los ODM.

Uno de los hitos clave para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres es el objetivo separado (Objetivo 5), que da prominencia a los temas relacionados con las mujeres, en vez de considerarlos asuntos transversales como se ha hecho en el pasado.

Este objetivo tiene ocho metas que incluyen los siguientes compromisos:
  • poner fin a la discriminación y la violencia de género
  • eliminar el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina
  • asegurar el acceso universal a los servicios de cuidados y a la información en materia de salud sexual y reproductiva
  • proteger los derechos reproductivos de las mujeres y las niñas
  • eliminar las disparidades de género en las escuelas y asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza
  • proporcionar educación que promueva la igualdad de género y los derechos humanos
  • ampliar las oportunidades económicas de las mujeres y reconocer sus derechos a los recursos
  • reducir las cargas del trabajo de cuidados no remunerado que recaen sobre las mujeres y las niñas

Todos estos compromisos constituyen herramientas importantes para que las organizaciones de la sociedad civil, incluidas las organizaciones por los derechos de las mujeres y las jóvenes activistas feministas, presionen a los gobiernos y otras partes interesadas por la implementación coherente de estos objetivos a nivel local.

Además del Objetivo 5 hubo otros logros dentro de los objetivos relacionados con la igualdad de género, así como un análisis más integral de la pobreza, el hambre, la salud, el medio ambiente y las interrelaciones entre las dimensiones sociales, económicas y medioambientales.

Los ODS rebatieron el modelo de ‘talla única’, lo cual es un hito en comparación con los ODM. También hubo reconocimiento de que el contexto y las circunstancias nacionales tienen que comprenderse para poder medir efectivamente los progresos. Los ODS son globales e inspiradores, pero no obligatorios, y pueden y deberían ser adaptados a las circunstancias nacionales. Esto tiene que ir acompañado de movimientos fuertes de la sociedad civil que participen en los procesos de vigilancia y aseguren que los Estados apliquen el principio del máximo de los recursos de que dispongan, el de no regresión, el de realización progresiva y el de protección plena de los derechos humanos—todos los cuales están en el centro.

A pesar de los logros manifiestos, no podemos perder de vista la perspectiva de la desigualdad. El Objetivo 10: Reducir inequidades también fue rebatido fuertemente durante el proceso y mucho se perdió en el texto. Sin embargo, aun permite que la desigualdad sea afrontada. Tal como los indicadores y la implementación están definidos, debemos continuar abordando las causas fundamentales de la desigualdad—por ejemplo, combatir la evasión tributaria—y los Estados deberían asegurar impuestos progresivos, proporcionar servicios universales gratuitos de salud y educación, apoyar el poder de negociación de las/os trabajadoras/es y reducir la disparidad entre personas ricas y pobres.

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Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible

El pasado 12 de agosto se aprobó en el marco del 69º periodo de sesiones de la Asamblea de Naciones Unidas,  el documento “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, que se define como un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad para los próximos 30 años y que será presentado a la Cumbre de Naciones Unidas para  la agenda post-2015 entre el  25 y el 27 de septiembre en Nueva York.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y las 169 metas demuestran la magnitud de la nueva Agenda universal. Con ellos se pretende retomar los ODM y lograr lo que con ellos no se consiguió. También se pretende hacer realidad los derechos humanos de todas las personas y alcanzar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y niñas. Los ODS y las metas son de carácter integrado e indivisible y conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental.

El documento señala en su epígrafe 20 que “la consecución de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas contribuirá decisivamente al progreso respecto de todos los Objetivos y metas. No es posible realizar todo el potencial humano y alcanzar el desarrollo sostenible si se sigue negando a la mitad de la humanidad el pleno disfrute de sus derechos humanos y sus oportunidades. Las mujeres y las niñas deben tener igual acceso a una educación de calidad, a los recursos económicos y a la participación política, así como las mismas oportunidades que los hombres y los niños en el empleo, el liderazgo y la adopción de decisiones a todos los niveles. Trabajaremos para lograr un aumento significativo de las inversiones destinadas a paliar la disparidad entre los géneros y fortalecer el apoyo a las instituciones en relación con la igualdad y el empoderamiento de las mujeres en el plano mundial, regional y nacional. Se eliminarán todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres y las niñas, incluso mediante la participación de los hombres y los niños. La incorporación sistemática de una perspectiva de género en la implementación de la Agenda es crucial”.

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